El dolor desconocía,
Él no me había mirado nunca de frente ni a los ojos.
Al desamor de la vereda de en frente siempre lo observé.
Jamás el engaño y la mentira al oído me susurraron,
hasta hoy.
Mi piel no había sido desgarrada al escuchar aquellos llantos,
sufridos, que la guerra dejaba a mi lado.
La inocencia de a poco me abandonaba,
mientras por el suelo el odio se arrastraba,
mordiéndome los pies.
Mi voz enojada sin saber que es el enojo,
mi boca insultaba sin conocer insultos,
a la envidia, que no disimulaba en querer ocupar el lugar,
aquel que en mi corazón a la humildad pertenecía.
Y escuché a lo lejos un lamento,
Un lamento tenue y desganado,
Alguien lloroso preguntaba ¿Quién abrió la caja?
Por favor, respondan.
¿A quien le debemos esto?

